Desde el enfoque de la Ciencia de la Vivienda, el conocimiento no se construye desde marcos teóricos o normativos, sino que se construye en y desde la práctica. La vivienda es un objeto de estudio complejo, donde lo material, lo social, lo ambiental y lo cotidiano se encuentran entrelazados.
Por esto, la práctica en territorio permite:
- Identificar problemas no siempre visibles en diagnósticos formales
- Reconocer la relación entre condiciones materiales y experiencias cotidianas
- Entender cómo las personas adaptan sus hábitos frente a déficits habitacionales
- Evaluar cómo funcionan las soluciones técnicas en condiciones reales de uso
Observar cómo se vive una vivienda permite comprender que muchas problemáticas habitacionales no se expresan solo en indicadores técnicos sino también en el desgaste y comportamiento de quienes la habitan.
En este sentido, la Ciencia de la Vivienda propone un enfoque situado y aplicado, que integra diagnóstico técnico, lectura social y experiencia habitada. La práctica no aparece como un complemento, sino como una dimensión central para comprender y transformar las condiciones de la vivienda.